viernes, 16 de marzo de 2007

La Sexualidad en el Adolescente, el Adulto y el Adulto-Mayor

SEXUALIDAD EN EL ADOLESCENTE
Según McDermott et al. (1983), la adolescencia es sólo un estado en el ciclo de vida humano, pero que debe ser visto como una transición entre la infancia y la vida adulta. El concepto convencional del período de la adolescencia está caracterizado por descripciones tales como periodo caótico, desconcertante, abrumador, agresivo, impredecible y casi imposible de comprender y conocerlo (Tirado, 1985).

El evento más importante en la adolescencia es el desarrollo psicosexual y las consecuencias del mismo parecen ser lo que produce el caos en la comprensión del adolescente. Presenta cambios corporales dramáticos y de rápida evolución a los cuales tiene que adaptarse, además de mantener en equilibrio sus necesidades internas. Tales signos de crecimiento no deben ignorarse ya que en cierto sentido se advierten en símbolos de feminidad o virilidad (Tirado, 1985). Según Calderone (1983), se considera conveniente mantener al adolescente bien informado sobre el cuerpo, la mente y la sexualidad humana; así como también, la adaptación de su sexualidad y la relación de ésta con la intimidad. Todo lo dicho hará posible la prevención de los problemas sexuales.
Smith y Udry (1985) realizaron un estudio en adolescentes varones y hembras entre 12y 15 años, blancos y negros, estudiantes de secundaria en una ciudad del sur de Estados Unidos, previa autorización de los padres, con la intención de determinar conductas sexuales fisiológicas coitales y no coitales, en relación con el inicio de su vida sexual. El propósito fundamental de dicha investigación fue entender la secuencia de la conducta sexual en los adolescentes y determinar si la actividad no coital puede predecir el contacto sexual en las jóvenes vírgenes.
Smith y Udry (1985) refieren que la literatura por ellos revisada, sobre la conducta sexual de jóvenes blancos, sugiere que la secuencia de la conducta heterosexual es progresiva desde caricias hasta llegar al intercambio sexual. En cambio, la información sobre jóvenes de color es escasa pero indica que la secuencia no es rígida y que es poco usual la utilización de caricias si no se llega al intercambio sexual, por lo que se ha observado, sobre todo en los
varones, que llegar a la relación sexual es un objetivo mayor que cualquier otro, sin tomar en cuenta la aceptación de la compañera, lo cual va acompañado de la falta de virginidad en las jóvenes. Smith y Udry (1985) llegan a la conclusión que en los adolescentes blancos y negros existe una diferencia en cuanto a la normativa, es decir, en los blancos la expectativa sobre las conductas precoitales es mayor que en los negros y constituye un período preparatorio antes de su primer encuentro sexual, el cual puede alternarse con períodos de abstinencia. Este período es conveniente para prepararse en el uso de los anticonceptivos; sin embargo, los adolescentes de color, en general, no se ajustan a este proceso y tienen menos oportunidad de desarrollo. En los adolescentes negros parece que la expectativa termina en un coito precipitado, lo que indica, según los autores, que estas conductas tienen una influencia
étnica y social importante en los jóvenes estudiados.
SEXUALIDAD EN EL ADULTO
En la primera mitad de la vida del adulto, el nivel de actividad sexual es estable por un largo período. Esta capacidad se da con una pareja aceptada y con buen estado de salud.

No hay edad específica para que una persona sana deba suspender su actividad sexual, la cual puede continuar bien hacia los 70,80 ó 90 años. El nivel de actividad sexual en el adulto joven es importante, ya que cuando comienza temprano persiste hasta mayor edad. El pico de la capacidad sexual en la mujer es hacia los 30 años, cuando está en máxima capacidad reproductiva y en estas circunstancias el deseo es mutuo. En la edad media de la vida, la
mujer responde más que el hombre, ya que hacia los cincuenta años éstos notan una disminución de la intensidad y una lentitud natural de la respuesta sexual.

Las mujeres se ven menos susceptibles a la pérdida de la función sexual con la edad, ya que no hay pruebas de que la menopausia resulte en pérdida del deseo sexual; al contrario, para algunas produce aumento del mismo. Para los hombres de edad la función sexual está influenciada por la salud, experiencias sexuales pasadas, grandes satisfacciones vitales, capacidad para adaptarse, clase social y nivel educacional. En la mujer tiene mucha importancia el estado marital, así como también el estado psíquico y emocional de su pareja y las creencias religiosas. Si en una mujer disminuye el interés sexual, es más por las circunstancias que por la pérdida de la capacidad, lo cual puede verse en las mujeres liberadas, las cuales son más asertivas que las de su misma edad (Labby, 1985).
Kirkpatrick (1984), considera que la experiencia sexual de la mujer depende de una serie de factores y sugiere que los mismos deberían ser analizados de manera amplia e independiente. Se refiere este autor, a la necesidad de revisar la respuesta sexual de la mujer en grupos particulares, tales como mujeres afroamericanas o indoamericanas, en mujeres de edad media y en mujeres de edad avanzada. Así mismo, considera importante revisar la victimización de la mujer en casos como el incesto, prostitución, embarazos en la adolescencia, enfermedades venéreas, matrimonios forzados, aculturización y sus consecuencias en la sexualidad femenina. Sin embargo, en relación con investigaciones realizadas sobre la posible asociación de la educación sexual en colegios públicos para adolescentes y el inicio temprano del intercambio sexual, Furstenberg et al. (1985) concluyen que la misma no es definitiva, ya que depende de muchas otras causas, como son la información familiar, las costumbres, el uso temprano de anovulatorios orales, etc., (Shen, 1982; Kornsfield, 1985).
En cuanto a las preferencias sexuales del adulto, Bell et al. (1982), encontraron que las conductas seductoras, restrictivas o negativas de las madres, no influyen en la preferencia homosexual de los hijos; sin embargo, las buenas relaciones interpersonales con el padre favorecen la preferencia heterosexual y las malas relaciones con ellos tienen como consecuencia, generalmente, la preferencia homosexual en los hombres. El sentimiento de conformidad con su propio género durante la infancia es importante en la predicción de la preferencia sexual en el adulto. En el caso de las mujeres, se describe como importante
las buenas relaciones interpersonales con sus madres. Por otra parte, los mismos autores
(Belí et al. 1982) han encontrado que un alto porcentaje de mujeres homosexuales manifiestan malas o pobres relaciones interpersonales con el padre.
SEXUALIDAD EN EL HOMBRE DE EDAD O ADULTO MAYOR
En condiciones fisiológicas, la motivación sexual persiste hasta la edad de los 70 a 80 años, según Freeman, 1961 (citado por Labby, 1985). Otros dicen que los hombres de edad reportan gran interés sexual y mayor actividad sexual que la mujer de edad, aunque en ambos declina el interés al avanzar la edad (Labby, 1985). En el 80% de los hombres mayores persiste el interés sexual cuando tienen buena salud, en una proporción de dos por cada tres hombres a los 60 años y uno por cada cinco, a los 80 años; en el caso de las mujeres, una de cada tres, a los 60 años (Labby, 1985).
(Fuente: Sexualidad humana y causas de disfunciones sexuales autor Mirna Pérez Feo publicado en Med-ULA, Revista de la Facultad de Medicina, Universidad de los Andes. Vol 1 Nº 3. Sección de Investigaciones Psiquiátricas. Unidad de Psiquiatría. Facultad de Medicina Universidad de Los Andes. Mérida - Venezuela)

(Imagen: Cuadro "Hipomenes y Atalanta", 1612 de Guido Reni)
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